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jueves, 23 de marzo de 2017

El castor



En la antigüedad el castor era muy codiciado por los hombres, pues según cuentan, sus partes eran utilizadas para la cura de enfermedades. Sin embargo, cuando los cazadores se internan en los pantanos en busca de estos animalitos, ellos corren con toda la velocidad de sus patas para ponerse a salvo, y cuando no logran escapar y los hombres los rodean, son capaces de cortarse sus partes valiosas y desprenderse de ellas con tal de permanecer con vida.

Moraleja:
En algunas ocasiones, un mal menor puede llevarnos a un bien mayor.



martes, 21 de marzo de 2017

El Cazador y el pescador



Un cazador regresaba a casa cargado con sus productos, cuando de repente se topó con un pescador que igualmente, llevaba sus cestas llenas de pescado.

Entonces, el cazador quiso tener los peces del pescador, y éste quiso también tener las carnes del cazador. Sin mucha dilación, los dos hombres intercambiaron el fruto de su trabajo y tan satisfechos quedaron con el trato que lo repitieron una y otra vez durante varias semanas.

Sin embargo, un anciano que los observaba desde el primer día se les acercó una tarde y les dijo: “Tal intercambio, pronto dejará de serlo, y no tardará el momento en que ustedes dos deseen quedarse con lo que obtuvieron”.

Moraleja
Alterna tus gozos y los vivirás mejor.



domingo, 19 de marzo de 2017

El oso y el floricultor



Un oso y un floricultor vivían en la más absoluta soledad.

Un día salieron a caminar cada uno por su lado, para ver si encontraban a alguien que les hiciese compañía

Así, se encontraron y aunque la primera reacción fue temerse, tal como dicta la naturaleza, decidieron entablar una amistad para hacerse mutua compañía.

Todo funcionó de maravilla por algunos días. El oso cazaba para los dos, y el hombre se encargaba de conversar lo suficiente y trabajar para hacer las jornadas animadas.

Sin embargo, un día el hombre dormía profundamente y una mosca perturbaba su sueño. Molesto por la afrenta del minúsculo animal para con su amigo, el oso dio un terrible zarpazo al bicho, que estaba posado en el rostro del hombre. Con ello dio muerte a la mosca, pero también al pobre floricultor, cuya soledad lo llevó a obviar que vale más un enemigo listo, que un amigo torpe.



viernes, 17 de marzo de 2017

Los lobos y los perros



Los lobos y los perros se llevaban muy mal entre ellos. Los primeros vivían para hostigar los rebaños del hombre, y los segundos para protegerlos.

Un día, los lobos dijeron a los perros:

-Somos muy parecidos. Entonces, ¿por qué en vez de pelearnos no nos ayudamos?

-¿Cómo así?-preguntaron los canes domésticos.

-Miren-explicaron los salvajes, -la única diferencia que nos separa es que nosotros somos libres y ustedes viven en cautiverio, para servir al hombre, proteger sus rebaños, aguantar sus órdenes y conformarse con los huesos que les dan, mientras ellos disfrutan de la jugosa carne. Por eso les proponemos aliarnos todos. Nos dejan entrar a los rebaños, y nosotros compartiremos el botín con ustedes.

Luego de la explicación de los lobos, los perros reflexionaron por unos segundos y accedieron.

Mas cuando los salvajes entraron a los establos y rebaños, lo primero que hicieron fue matar a los perros y luego se llevaron tanta carne como pudieron.

Maltrechos y a punto de morir, todos los perros comprendieron que habían sido engañados.

Se habían dejado llevar por cantos de sirena, pasando por alto aquello que dice que nunca se puede traicionar a los que realmente nos ayudan y confían en nosotros.



martes, 14 de marzo de 2017

Los cuatro novillos y el león



Había una vez cuatro novillos que siempre andaban juntos. Eran muy buenos amigos y su férrea unidad los hacía fuertes y los protegía de posibles depredadores que merodeaban por el área.

Uno de estos últimos era el león, que temía a los novillos porque sabía que nada podía hacer contra cuatro de ellos.

Sin embargo, un día el león se levantó más listo que nunca y pensó que si dividía a los amigos, podría enfrentarlos uno por uno, vencerlos y devorarlos.

Así, se dio a la tarea y comenzó a instigar de lejos la desunión, diciendo ofensas a cada uno de los novillos, despertando la envidia entre ellos y poniéndolos en contra, los unos a los otros.

No tardó el depredador en conseguir sus objetivos. Logró que cada novillo se sintiese mal con sus amigos y los fue matando uno por uno.

Segundos antes de morir, cada novillo comprendió el secreto de su otrora fuerza, que mantenía alejado el peligro: la amistad y la unión.

Se dejaron llevar por bajas pasiones y como consecuencia perdieron su poderoso escudo.



domingo, 12 de marzo de 2017

Las dos amiguitas



Había una vez dos avestruces que eran muy amigas.

Sin embargo, contrario a su rutina habitual, decidieron jugar un poco para divertirse, lo cual ocasionó una seria discusión entre ellas, pues ambas querían ser la que impusiera el juego.

-Jugaremos a lo que yo diga –decía una.

-No, es a mí a quien corresponde ese derecho –ripostaba la otra.

Así, ninguna de las dos cedía hasta que ciertamente riñeron con fuerza, enemistándose por muchos días.

Pasada la euforia del desencuentro, los avestruces decidieron hacer las paces y dialogar sobre lo que había pasado. Civilizadamente y conversando, coincidieron en que la decisión del juego a seguir la alternarían por día, de forma que las dos tuviesen los mismos derechos y deberes.

De esta manera no riñeron nunca más, y cuentan quienes las ven que todos los días juegan amistosamente.



viernes, 10 de marzo de 2017

Los dos enemigos



Dos enemigos viajaban en un mismo barco. Se odiaban profundamente, por lo que uno iba en la popa mientras el otro estaba en la proa.

De repente y contra todo pronóstico se formó una fuerte tormenta que irremediablemente haría sucumbir la nave. Consternado, el hombre que iba en la popa preguntó al capitán: -¿Sabe usted que parte se hundirá primero?

A lo que el aludido respondió: Suele hundirse siempre primero la proa y luego el resto del barco.

-Entonces moriré feliz, pues veré a mi enemigo sucumbir antes que yo –ripostó el hombre de popa.

Esto molestó mucho al capitán, que no podía comprender cómo existen hombres mezquinos, que prefieren disfrutar del sufrimiento de otros, aunque los odien, antes que preocuparse por su propia estabilidad.


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