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sábado, 20 de enero de 2018

La víbora y la zorra



Estaba la víbora tomando el sol tranquilamente junto a un espino, cuando de repente saltó sobre ella un lobo. Tras luchar durante varios minutos por conservar su vida, la pobre víbora termino enroscada alrededor de las peligrosas ramas del espino.

Pero no acababa aquí su mala suerte, ya que por culpa de la pelea, las raíces de la planta habían quedado tan maltrechas, que el espino se desprendió de la tierra, rodando colina abajo con la víbora agarrada a sus ramas.

Tan rápido rodaba, que la víbora era incapaz de conseguir que se detuviera antes de que sus huesos terminaran sumergidos en las frías y caudalosas aguas del río. Segundos más tarde, el pobre animal se encontró flotando río abajo, envuelto en una trampa de espinas de la que no podía salir.

Al verla aparecer de esta guisa, una zorra que se encontraba descansando apaciblemente en una de sus orillas, no pudo evitar exclamar con cierta sorna:
-¡No hay mejor piloto para una embarcación de ese tipo que una víbora como tú!

Las malas personas siempre suelen ir unidas a las peores herramientas



miércoles, 17 de enero de 2018

El buey y el mosquito



En el cuerno de un buey se posó un mosquito.

Luego de permanecer allí largo rato, al irse a su vuelo preguntó al buey si se alegraba que por fin se marchase.

El buey le respondió:

-- Ni supe que habías venido. Tampoco notaré cuando te vayas.

Pasar por la vida, sin darle nada a la vida, es ser insignificante.



domingo, 14 de enero de 2018

Los bueyes y el eje de la carreta



Arrastraban unos bueyes una carreta cuyo eje chirriaba ruidosamente. Se volvieron aquellos a la carreta diciendo:

-- Oye amiga --, somos nosotros quienes llevamos la carga. ¿ y eres tú quien se queja ?

En la vida encontrarás a muchos que se fingen cansados de ver trabajar a otros.


jueves, 11 de enero de 2018

El buey y la becerra



Viendo a un buey trabajando, una becerra que sólo descansaba y comía, se condolió de su suerte, alegrándose de la de ella.

Pero llegó el día de una solemnidad religiosa, y mientras al buey se le hacía a un lado, cogieron a la becerra para sacrificarla.

Viendo lo sucedido, el buey sonriendo dijo:

Mira becerra, ya sabes por qué tú no tenías que trabajar: ¡ es que estabas reservada para el sacrificio !

No te ufanes de la ociosidad, pues nunca sabes que mal trae oculto.


lunes, 8 de enero de 2018



Llevó un cabrero a pastar a sus cabras y de pronto vio que las acompañaban unas cabras monteses. LLegada la noche, llevó a todas a su gruta.

A la mañana siguiente estalló una fuerte tormenta y no pudiendo llevarlas a los pastos, las cuidó dentro. Pero mientras a sus propias cabras sólo les daba un puñado de forraje, a las monteses les servía mucho más, con el propósito de quedarse con ellas. Terminó al fin el mal tiempo y salieron todas al campo, pero las cabras monteses escaparon a la montaña. Las acusó el pastor de ingratas, por abandonarle después de haberlas atendido tan bien; mas ellas le respondieron:

-- Mayor razón para desconfiar de tí, porque si a nosotras recién llegadas, nos has tratado mejor que a tus viejas y leales esclavas, significa esto que si luego vinieran otras cabras, nos despreciarías a nosotras por ellas.

Nunca confíes en quien pretende tu nueva amistad a cambio de abandonar a las que ya tenía.



sábado, 6 de enero de 2018

La cabra y el asno



Una cabra y un asno comían al mismo tiempo en el establo.

La cabra empezó a envidiar al asno porque creía que él estaba mejor alimentado, y le dijo:

-- Entre la noria y la carga, tu vida sí que es un tormento inacabable. Finge un ataque y déjate caer en un foso para que te den unas vacaciones.

Tomó el asno el consejo, y dejándose caer se lastimó todo el cuerpo. Viéndolo el amo, llamó al veterinario y le pidió un remedio para el pobre. Prescribió el curandero que necesitaba una infusión con el pulmón de una cabra, pues era muy efectivo para devolver el vigor. Para ello entonces degollaron a la cabra y así curar al asno.

En todo plan de maldad, la víctima principal siempre es su propio creador.



miércoles, 3 de enero de 2018



Sentía el camello envidia por los cuernos del toro, y quiso obtener los suyos propios. Para esto fue a ver a Zeus, pidiéndole le regalara a él unos semejantes. Pero Zeus, indignado de que no se contentara de su gran tamaño y fuerza, no sólo le negó el darle los cuernos, sino que además le cortó una parte de las orejas.

La envidia no es buena consejera. Cuando quieras mejorar en algo, hazlo con tu esfuerzo y por tu deseo de progresar, no porque tu vecino lo tenga.